Un plan de mantenimiento define qué activos reciben mantenimiento preventivo, con qué frecuencia y quién es responsable. Esta guía lo desglosa en seis pasos, en el orden en que conviene abordarlos.
1. Levanta el inventario completo
No se puede planear el mantenimiento de lo que no está registrado. El primer paso es un inventario con ubicación, ficha técnica y estado actual de cada activo.
2. Clasifica por criticidad
No todos los activos merecen el mismo esfuerzo. Marca cuáles son críticos —su falla detiene la operación, compromete seguridad o es cara de reparar— y prioriza el plan alrededor de esos primero.
3. Define la norma o protocolo aplicable
Para cada tipo de activo, identifica qué norma técnica, protocolo del fabricante o política interna aplica. Es la base de las frecuencias y los checklists del paso siguiente.
4. Fija frecuencias por tipo de activo
- Por calendario: cada mes, trimestre o año, según lo exija la norma.
- Por horas de uso o ciclos: para equipos cuyo desgaste depende de cuánto operan, no de cuánto tiempo pasa.
- Por condición: cuando hay forma de medir el estado real del activo antes de decidir intervenirlo.
5. Asigna responsables y checklists
Cada tarea de mantenimiento necesita un responsable claro y un checklist específico — no una instrucción genérica de "revisar el equipo".
6. Mide cumplimiento y ajusta
Un plan de mantenimiento no es estático: si un tipo de activo sigue fallando pese al preventivo, la frecuencia o el protocolo probablemente necesitan ajustarse. El cumplimiento medido es lo que permite ver eso a tiempo.
